Cuando me pregunten qué es la poesía, no voy a decir lo que dicen todos, tal vez sí.
Yo sólo sé que la poesía me ha resucitado cada vez que he muerto en manos de cualquier periódico, noticia, deuda, gesto o mirada. Sólo sé que sirve para algo aunque esté lejos de salvarnos de la nada y que se convierte en lo que no soy dormida, en lo que soy callada, en lo que guardo desnuda, en lo que suelo ser aquí, sentada.
Si sirve o no, como el dicho de las brujas "de que las hay, las hay", la poesía de que cura, cura. tampoco sé de donde viene, quién la desata. Habrá quien coloque un sable en su espalda?
Ella no es humana. Sólo letras haciendo cola como deplazados a puertas de un subsidio, como hormigas, como todos de vuelta a casa después de la jornada.
Es un costal de sílabas, sonidos y cosas, de gentes, ideas raras. Emboba un rato, dibuja en la mente, remolinea el alma. Es nariz tocando, manos oyendo, ojos que huelen, oídos que hablan y una boca que ve lo que otros esconden bajo sus máscaras.
Sólo sé que existe porque un día una rana se pegó a mi espalda y no me dieron ganas de matarla. Sé que es poesía la poesía porque hace varios años le escuché decir mi nombre, penetrarme con un halo, destornillarme un poco y de allí no volví a ser quien era.
Si cura, mata, inspira o consuela, si entristece o alegra, si sirve o no para algo o para nada, eso depende de quien la lea o de quien nunca se regale un ratito de intimidad para copular con ella.